Tengo más de una década dedicado a mi oficio de copywriter y los mismos años escuchando:

—Entonces, ¿escribes y ya?

Sí. Escribo y ya.

Y suena bien fácil decir que solo escribo cuando vives en un mundo de “haz un video”, “haz un TikTok”, “no pues, una campaña y ya” o incluso “tú eres el experto, tú dime”.

Realmente no se trata para qué escribo sino sobre qué.

¿Cuál es el problema a resolver?

Todo es comunicación.

Qué decir (o no). En qué medios. Cómo hacerlo, con quién y cuándo.

Yo no necesito saber más que mi cliente sobre sus procesos o su industria.
Ellos son los expertos en lo que hacen, yo lo soy en las historias detrás de eso.

Mi trabajo es escribir como una persona que habla con otra. Es averiguar qué necesita entender el que está del otro lado y encontrar la manera de hacérselo llegar. Después viene el producto, el servicio o el cambio estructural tan temido.

Yo escribo después de preguntar, escuchar, investigar, cuestionar, simplificar y conectar cosas que no tienen que necesariamente ir juntas para que cuando alguien lo escuche diga:

“Es cierto, así son las cosas.”

Y mi truco es: Escribir.

Con los años no solamente aprendí a encontrar la solución al problema.

Aprendí a traducirlo para que los diseñadores lo visualicen, los productores lo realicen, los clientes lo compren, los equipos lo entiendan y asimilen, los presupuestos lo soporten y finalmente, que a alguien le importe que lo hayamos solucionado.

A eso le han dicho de muchas formas: copywriting, creatividad, dirección creativa, estrategia, comunicación, etc.

Tú sabes lo que haces, yo sé cómo contarlo.

Pero puedes decir que solo escribo.